—Nico —gruñí en un momento en que los dientes de mi amigo habían dejado mi boca y mordían la piel de mi cuello—, me estoy… clavando la cremallera… de los pantalones en mi…, mi…

Pero el vendaval sexual en el que se había convertido mi amigo no escuchaba, y embistió duramente contra mí mientras me daba un bocado particularmente doloroso en mi hombro. Grité por el mordisco. Nico levantó su cabeza para mirarme, agarrando mis cabellos fuertemente.

—Voy a comerte, Tito… —Sus ojos eran dos bolas de fuego incandescentes que me agujereaban. Enroscó sus dedos en mis pelos, acercó sus labios a los míos y comenzó a mordisquearlos a la par que hablaba—: Te voy a follar, campeón… Tengo el rabo tan duro que sería capaz de taladrarte con los pantalones puestos. ¡Qué ganas tengo de sentirte, joder!

Empecé a ser más consciente de lo que me esperaba, y tan metido estaba en mis pensamientos de cómo iba a afrontarlo todo, que no me percaté de que Nico se deshizo de mis ropas hasta que me encontré desnudo de pies a cabeza. Él ya se había quitado su camiseta y estaba inmerso en desabrochar sus pantalones.

Mis ojos parpadearon, llevándome a la realidad que se presentaba ante mí: yo, completamente desnudo sobre la cama, con un Nico igual de desvestido que yo cerniéndose sobre mí, y con su miembro tan empalmado que se leía sin tapujos la imperiosa necesidad de sepultarse entre mis piernas.

Ni siquiera pude exponerle a mi amigo las considerables dudas que tenía al respecto cuando éste enterró su rostro en mi entrepierna y se tragó hasta la garganta mi goteante eje. Y creo que ahí me perdí. Sí…, definitivamente lo hice. Su húmeda y traviesa lengua me llevó al nirvana. Jugó con mi glande, lo chupó, lo mordió. Lamió mi pene, lo saboreó, lo engulló. Su cabeza subía y bajaba. Sus manos acariciaban y apretaban. El pequeño miedo que se había albergado en mi cuerpo por el temor de verme desflorado analmente se perdió en mi mente, avasallado por la deliciosa boca de mi amigo. Pero el pensamiento de plenitud y tranquilidad al considerar mi virtud intacta duró más bien poco, exactamente hasta que un dedo irrumpió en las puertas de mi ano. 




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